¡Crisis!, gritó, en un momento algo inoportuno, el hombre. Quién fue negado por la gran multitud que lo rodeaba. Se sentía un error, corrección, lo era. Sin excusas salió de aquel culposo lugar donde yace hoy el alma de esa niña. Ella vaga desconsolada, pidiendo explicaciones a un hombre que no las da, ni las tiene.
¡Crisis!, volvió a pensar el hombre, quien para su impresión yacía recostado en el pavimento seco, frío y profundo, ya clamado, sin esa exaltación anterior. ¡Trance!, se dijo así mismo. Eso era, sólo un trance anterior con efectos repetitivos en voz alta. "No estoy en crisis, estoy en trance", decía para tranquilizarse y a la vez evadir el mundo. Su propio mundo, él nuestro ya lo había consumido hace mucho. "Pero ¿que clase de trance?", se preguntó ahora. Lastimero buscó una explicación simple y vacía, sin conseguir nada de eso, recapacitó y volvió a dormir en aquel lugar.
Pero, ¡no!, no pudo porque ahí estaba ella, la niña que le preguntaba. Le hacía preguntas directas y ágiles de no muy fácil comprensión y sin esperar una respuesta cuerda se conformaba con los monosílabos emitidos por el sujeto en crisis, no perdón, en trance, y seguía adelante con su cuestionario alarmante.
La pregunta final dejó helado al sujeto, éste giró la cabeza y una luz prendió su mundo apagado. Un último viento lo impulsó al vacío. Era ella, la niña, su muerte precipitada.
1 comment:
al principio creí que estabas escribiendo de un hombre que estaba en wallstreet, la bolsa de valores y después noté que no.
El final... muy bueno.
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