De repente me encuentro sola frente a todos esos autos y no fue como la última vez. Cuando el gran auto blanco pasó por debajo mío, sentí como la presión de todo el día se distensaba y mis hombros caían hasta lograr tocar el piso; la tierra y el pasto, ambos a la vez. Eran las luces, eran los autos, los motores. Fue todo eso, junto con el bizarro-ruido mp3 en mis oídos.