No te necesitaba de la manera que yo creía. Era todo mi poder el que te protegía. Era todo obra mía. Y el verte de lejos, desde una vitrina —mas bien— desde los barrotes de tu cárcel, me es más fácil y me gusta más. Y en este tiempo todo eso que me gusta se queda y lo demás es desechado por los otros-gustos-de-Daniela.
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