En la micro pensaba y me decía: "¡No! No te puedes convertir en eso", a lo que yo respondía "quizá siempre lo he sido". En desacuerdo, ambos bajamos de la micro-en-pana. Él, distante. Yo, en otra, pensaba en lo que me había transformado: "Tal vez siempre fui así y no lo supe hasta que comencé a actuar de cierta manera, por ciertas facilidades que han llegado últimamente". Luego dejé de pensar, él dejó la distancia y me entretuve tocando su pelo, chocando sus bototos y escuchando su música. El viaje fue largo.
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