El concierto de los Prisioneros que se oía a lo lejos, entrando en su habitación, lo tenía vuelto loco. Se había enterado de que no vendrían más a Chile, se habían hartado y como fin drástico habián hecho este súper-mega-evento privado al que estabas invitado pero no quisiste ir por ser un poco más boom.
También le sujetaba la idea de que se fueran de Chile. Veía, nuevamente como todos se marchaban de este país-de-mierda y se iba quedando atrás, encerrado en sus cuadras. Sentías ganas de cantar el coro: la-voz-de-los-o-chen-tas... Pero ya no eran esos ochentas retratados en sus letras. Incluso Rusty James estaría ahí y tu no lo verías. Pero peor es ver a Matt Dillon en la tv que toparse con Rusty James en una fiesta. Igualmente veía a Dillon en Rumble Fish o The Outsiders —no lo sabía—. Le había puesto mute para escuchar mejor los gritos.
También le sujetaba la idea de que se fueran de Chile. Veía, nuevamente como todos se marchaban de este país-de-mierda y se iba quedando atrás, encerrado en sus cuadras. Sentías ganas de cantar el coro: la-voz-de-los-o-chen-tas... Pero ya no eran esos ochentas retratados en sus letras. Incluso Rusty James estaría ahí y tu no lo verías. Pero peor es ver a Matt Dillon en la tv que toparse con Rusty James en una fiesta. Igualmente veía a Dillon en Rumble Fish o The Outsiders —no lo sabía—. Le había puesto mute para escuchar mejor los gritos.
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