(Le echo la culpa a las mareas rojas. Pero igual me siento feliz).
La niña está perdida cerca de la Confitería Las Torres ¿Quién sabe donde queda? Mientras, se pintaba las uñas, y repetía que su plan no era maquiavélico, mas, tampoco de los más limpios que alguna vez maquinó. Y dejándo todo atrás —en una especie de baño rabioso y catártico— pretendió existir como habría querido; reír como hubiera reído y sobre todo amar como la hubieran amado. No le bastó, entonces, el amor de un sólo chico-inexperto. Quizo más y revistió sus uñas (con esmalte delicado) y partió corriendo a su encuentro y éste, aunque llegó tarde, era lo que hubiera querido... al menos, para ese momento.
La niña está perdida cerca de la Confitería Las Torres ¿Quién sabe donde queda? Mientras, se pintaba las uñas, y repetía que su plan no era maquiavélico, mas, tampoco de los más limpios que alguna vez maquinó. Y dejándo todo atrás —en una especie de baño rabioso y catártico— pretendió existir como habría querido; reír como hubiera reído y sobre todo amar como la hubieran amado. No le bastó, entonces, el amor de un sólo chico-inexperto. Quizo más y revistió sus uñas (con esmalte delicado) y partió corriendo a su encuentro y éste, aunque llegó tarde, era lo que hubiera querido... al menos, para ese momento.
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