Me rondan las hormigas, me aterran de repente.
Fue esta noche cuando aparecieron por mi cama, se internaron y no se comieron los dulces.
Me intentan saborear.
Todavía me saco restos de sus cuerpos de encima.
Algunas —fumigadas y todo— caminan aún sin rumbo por mi piel quemada ayer.
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