Vamos caminando. Tenemos la sonrisa pegada en la cara. Estamos descalzos y queremos palparnos. Pero la gente a nuestro al rededor nos estropea, no lo permiten. Con la mirada llena de amor causamos un resplandor incandescente que va durmiendo una a una a las personas de la vereda. Entonces ahora podemos jugar.
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