La fotografía te capta, te encierra, te toma, no te libera. Y deseas plasmar cada momento en una fotografía, y esta luego ampliarla para apreciar cada detalle del segundo que matas al presionar el obturador. Y es que no se explican los sentimientos a través de las fotografías, uno les da sentido, porque son pequeñas muertes que uno valora, las guarda par sí, están en la billetera y en el muro de la pieza, siempre presentes, están en medios digitales, siempre disponibles a ser vistas otra vez. El momento que no se repite, por lo menos se dibuja en el interior del papel impreso.
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