Deja de pertenecer. Déjate llevar. Inundar por el smog, no pensar... vivir. Estás ahí y lo pierdes todo, por tomar una micro antes, por tomar una micro después. Y lo dejas todo, te vas, te envuelven los deseos, las ansias y los miedos. Y los celos se aparecen revestidos de rojo y tu no olvidas, vuelves a imaginar. Estás perdida, a veces te sientes perdida dentro de todo el ruido y buscas salidas o buscas, mas bien, encerrarte aún más. Ahogarte si puedes. Gritar ya no es suficiente, correr ya no es suficiente. Y el estar siempre a su lado ¿sería suficiente? No querer comer, no querer sufrir, querer desvanecerse por la dieta del consumo. Y no quiero seguir comiendo, seguir creciendo. Y apoyarme en las personas nunca da resultados, o nunca da buenos resultados. Y hasta escribir sobre las teclas me causa esfuerzo. Debo resolverme. Las fotografías me salvan del dolor, de la pena del blanco y negro general. De la vista mal enfocada, de los dedos enchuecados, de la espalda malherida, de los imaginarios.
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