Hace como diez días no te conocía.

Tuesday

La corriente de mi conciencia

Bueno ya, si hasta yo me extraño de repente. De esas veces que escribía sin parar, incoherencias que eran mías y que de a poco me hacían quién soy ahora. De tiempo en tiempo las palabras que de mis manos salían, de mis ojos salían, de mis piernas salían, se iban transformando en el camino trazado para llegar a quién sabe donde. Eso no importaba realmente, la cosa era escribir. Escribir y soñar con lo escrito, soñar y escribir lo soñado, vivir en un ensueño de metal que me provocara esas sensaciones que con tanto ahínco buscaba. Necesitaba experimentar y el mundo que tenía en frente no me satisfacía del todo y me refugiaba naturalmente en lo que mejor sabía. Paranoias mías que muchas veces me alejaron de la gente real, porque deberás que prefería a mis personajes, no del todo inventados, sino que extraídos de mis más íntimos lenguajes corporales. Y a veces cuando escribía y me leían me sentía expuesta y hasta descolocada, porque la gente real no comprendía —o ni siquiera intentaba comprender— mis "reales" aspiraciones. La cosa era vivir en otro mundo, con otras palabras y otros colores. Que eran sólo míos y a pesar de la exposición en la que todos estamos inmersos, mi letra y mi prosa nunca serían descubiertos en su totalidad. La cosa era volar entre poesía, entre libros nuevos y libros viejos que me iba encontrado por ahí, por la calle, o entre las fotografías de los abuelos. Las canciones pegajosas de antaño y las películas de culto personal eran mis aliados en este camino por desvincularme de la realidad, de la gente molesta, de la gente simple que necesitaba un hola para sentirse aceptada. Me daba lo mismo lo que pensaran, es más hasta me gustaba ser incomprendida y a veces odiada por mi genialidad (oh! esperen ¿acaso eso fue narcisismo? —enserio que apenas lo reconozco—).

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