Y que el reflejo te espante como si una araña fuera. O como si al bicho azul que estorbaba en tu brazo le hubieran surgido alas de entre la espalda. Los ojos fijos mirándote dudar. Estamos llenos de bichos que no se arrastran, que vuelan entre nosotros debilitandonos con esas antenas, artefactos diabólicos que nacen de un sueño, transmutación del miedo, ensoñación de nuevo. Chirridos agudos imperceptibles que amedrentan. Cada vez que veo brillar las alas negras en mi cabeza quedan esos ojos diminutos que enferman al que los ve. La diferencia es que nadie los ve más que yo. Estoy segura de que imagino cosas. De que no se mentir muy bien. De que los bichos estarán ahí siempre ayudándote a morir.
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