Sé que lo que estoy haciendo me va a pasar la cuenta, pero es de las cosas más entretenidas que me han pasado. Estoy manejando las cosas a mi antojo. Soy mala lo sé, saldré herida lo sé, pero no puedo sino contentarme con todo esto. Esta enredazón que tengo en mi cabeza, en mis manos, en mi vientre, en mis piernas y en mi pelo.Mis ojos le sonríen a cualquiera y ellos de vuelta me miran emocionados, asombrados de que una poderosa les fije un poco las pupilas o les guiñe el ojo o les levante las cejas. Debajo de mis lentes de sol y con mi personalidad extravagante, sofisticada y misteriosa puedo ser quien sea y hacer lo que sea. Me duele a veces pensar en ellos, pero quién necesita pensar cuando se tiene esta cintura.Solo quiero caminar y mirar, perderme y mirar, subir al metro y mirar. Ya en la micro me puedo perder pues ya no tiene caso mirar. Tener a uno al tiempo que se quiera, tener a otro colgado hasta las patas y tener a otro que se hace de rogar sobre manera me estremece, me hace sentir más viva, aunque finalmente termine decepcionándolos a todos. Cantar, si pudiera cantar o ser la mujer del lector pero sin todo lo malo que significa ser la mujer de ese libro.Resulta que estoy enamorada del erotismo, lo que yo sentía antes —además de ganas de hacerlo— eran puras ganas de ser erotica, de convertirme en una musa y que me deseen. Amo que me deseen tanto como amo desear a otros. Estoy deseando mucho a uno que me hace mal, lo sé, pero es pura lujuria y placer y emociones y es nuestro mundo, es un mundo que nadie logra traspasar más que nosotros aunque ni siquiera entendamos bien qué nos sucede cuando estamos juntos. Es una sensación animalesca y entrañable que no se quita de mi cabeza. Ideas fijas como esta no sentia hace tiempo. En cambio con él lo que me pasa es simpatía, cierta atracción amistosa y de querer tener una relación. Algo tangible, algo contable, algo que sume, sume dias, horas, semanas, meses y así, sume tiempo con él en su casa viendo peliculas, sume tiempo gastando Santiago en palabras arquitectónicas que en mi boca no pegan mucho. Sean sus caricias por todo mi cuerpo, por mi pelo, por mi cintura y él sintiendo que no podría estar en un lugar mejor.Tal vez en estos momentos yo sólo me considero un cuerpo sí, porque el cuerpo pesa y aunque mi alma quisiera saltar de alegria en cada esquina por cada calle y avenida del Gran Santiago hay cosas que me lo impiden... mi cuerpo debe ser. Mi imagen, lo que la gente ve cuando me ve, es tan grata como incomoda. La sensacion de ser un fantasma me llama desde que tengo conciencia, así podria bailar y reir y saltar por todas partes sin que nadie se turbara por ello. Como en la peíicula, mostrar todos mis deseos. ¿Pero es que acaso hay alguien que quiera conocer todos mis deseos? ¿Que quiera presenciar tal avalancha emocional como para poder soportarlo? Yo creo que no y es que ahora recuerdo aquellos días lejanos que aún no cumplen un año en mí, donde todo se movía lento y pausado y yo recreaba mis más íntimos sentimientos envuelta en gente que no conocia y que no conocería jamás. Una especie de escalosfrios cálido recorre mi cuerpo y me transporta a la nieve de Valladolid, al calor del tren a Madrid, al frío árido de Amorebieta y al gris-más-luces de Bilbao de noche o muy temprano en la mañana. Y dónde quedó Barcelona?
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