Cómo me gustaría poder conversarlo y gritarte todas mis espectativas. Pero el Sol a veces hiere. Me hiere en lo más profundo cuando no me permite verte.
A veces la soledad de las horas se disuelve, otras reaparece y se encarga de removerme los brazos.
Y entonces espero a las horas de vuelta, a los árboles en retroceso, a las mañanas frías que se agotan.
Salir a caminar, escapando un rato de la protección materna.
Y los edificios se vuelven gigantes estructuras metálicas-vidriadas —¿te acuerdas?— que me hacen llorar en el fondo.
A veces la soledad de las horas se disuelve, otras reaparece y se encarga de removerme los brazos.
Y entonces espero a las horas de vuelta, a los árboles en retroceso, a las mañanas frías que se agotan.
Salir a caminar, escapando un rato de la protección materna.
Y los edificios se vuelven gigantes estructuras metálicas-vidriadas —¿te acuerdas?— que me hacen llorar en el fondo.
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