Sentí la caída.
Me deslumbró la naturalidad con que aceptó el golpe.
Era un sonido indómito.
Me recordó al pájaro que estaba vivo a las cinco de la mañana y cantaba y gorjeaba e incluso parecía que viviera más que uno.
Yo, en ese sentido, era mas bien un cuerpo enredado entre piernas y sábanas y pensaba cómo se puede ser tan feliz estando allá arriba.
Luego me dormí.
No comments:
Post a Comment