Hace como diez días no te conocía.

Wednesday

Fall into tears

Cuando todos vuelvan.
Cuando todo vuelva y se posicione en mi cabeza.

Ayer encontré el lugar más pacífico que hay en Ñuñoa. Me resguardé, me guarecí mientras el dolor y las penas se entremezclaban con el viento y las sombras.

Escuché los gritos con mi nombre, pero no quise responder. Quería desaparecer como muchas veces antes quise irme y correr lejos, no saber. No prevalecer, en fin... no perdurar.

Y cuando la memoria se planta en mis pies nuevamente y trato de no llorar, de no sufrir, de mentirme y engañarme, la solitud de los paisajes, de las plazas o de los estacionamientos de mall... esos lugares con luces, con reflejos, con aire cambiado me llaman, me incitan a volver a lo que era, a lo que fui.

Pero ayer no pude escribir, no pude soñar ni pude amarme. Intenté repasar los planos y sentirme viva, pero el camino de regreso en micros eternas por Departamental me calaron hondo y llegué a mi casa deshecha y el abrazo de mi mamá quiso reavivarme y la llamada de teléfono tenía una cuerda que me tiraba para que despertará de aquel mal sueño. Pero nada de eso era útil.

Yo me debía despertar sola, levantar sola, salir de la tierra, del olor a barro y mejorarme.

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