He escrito tanto, he acumulado tanto. He querido, he odiado tanto. Sentir, sentir es emocionarse hasta el fondo, desgarrarse con la vida, adueñarse de las falencias, de los errores. Sentir es llorar y reír a la vez. Sentir es no ver de manera racional lo que tienes al frente, lo que se está perdiendo, lo que ya se perdió. Mirar sin ver no tiene sentido en un mundo donde te programan para deleitarte con lo ex-press, con lo instantáneo, dejando de lado lo duradero, la importancia de lo que perdura. Se ha escrito tanto pero ¿Realmente a quién le interesa leer todo lo que ha dado este mundo? Todo lo que se ha desechado, tirado y enterrado en el olvido más infame de la historia.
La tierra ya no tiene espacios para acumular manuscritos, pensamientos, palabras gritadas al viento que con una esencia mágica lograron volar y brillar una vez y que quedaron en eso brillar una vez y tal como quien las dijo muere sin seguidores, las palabras dichas una vez por él se mueren antes, las mata el mismo autor. ¿Es qué nadie se preocupa acaso de mantener viva su propia historia, de tener recuerdos, de formar recuerdos, de tener un pasado, la conciencia de que existimos? Dejar un legado más grande, perdurar como personas.
Porque al final eso es la vida más allá de la muerte... que personas luego de años de tu desaparición te sigan recordando, requisando las palabras, releyendo los estudios, estudiando los procesos, todo eso que llevaste acabo una vez. Yo no quiero seguir desperdiciando tiempo en cosas que se irán, que se acabarán alguna vez y por eso me esfuerzo día a día por escribir lo que nadie escribirá. La historia misma de mi vida, que aunque a nadie le interese estará allí para dejar rastro de un mundo que se agota día a día, momento a momento. Que instante a instante se va cayendo a un risco imaginario y oscuro que no llega a ninguna parte pero que se lo traga todo. Lo frena todo.
No comments:
Post a Comment