Hace como diez días no te conocía.

Sunday

el labio roto

Me rasguñé la espalda. La espalda blanca, la espada reluciente. El cuchillo que desgarra, la película en la tele, la película que asusta. La picazón en el cuerpo, en el corazón y en todo el cuerpo. El dedo roto, el pelo sucio. Los ojos asueñados, los ojos cuadrados de tanto resplandor. El susto, susto súbito de la noche. Serán las tres. Quiero que pase el tiempo, no quiero que pase el tiempo. Quiero volverte a ver y no quiero verte con otra, me va a doler. Pero quiero estar con otro y te va a doler. No quiero que nos duela, nadie nunca quiso hacer doler. En las noches con hambre sueño que gusanos se comen mi adentro. Estas pesadillas no andan muy bien y el resto arrugado del desamor se tiene que borrar. Los instantes se deben marchar para dar pie al come-pizza. Ricas pizzas para pasar las fiestas de la edad. Tengo frío, no tengo frío. Tengo ganas de mis shorts azules, y mis pantys rojas y de que hablemos, que nos presenten y clickeemos luego. Y el corazón se me partió en dos muchas veces, y se me vuelve a pegar  muchas otras más. Las fotografías sin permiso, las ojea sin permiso. Los autores eternos. Las eternas tardes de fin-de-semanas-en-el-centro, en la casa, en la habitación, en pijamas. Podría seguir, quiero seguir. Demostraciones, los cuadraditos pintados, el cubo que nuca más armé, los juguetes de niña que aún mantengo, las bolitas, el arco iris, el resorte multicolor, las fotos viejas secándose en lo profundo, no las quiero ver. Y conversar contigo me hizo llorar pero estuvo bien, esta bien que estemos así, prefiero esto a perderte por completo. Ya no sé si quiero hablarle, ya  no se si debo o es patético o es dañino o venenoso. Él no es para mí, ya vendrá. Todo eso lo sabe el poema del sueño sin dormir. El sueño desgastado, las palabras con las amigas que duermen juntas el trasnoche. Hablar y hablar y no poder parar de preguntar. In-superable, in-soportable, mejor in-posible.

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