Llegado el día no tengo envuelto el regalo. No sé bien qué va a pasar en una noche de mezclas bizarras, trago, personas más-o-menos, tú, y el otro tú que apareció esta semana y el otro tú que es el tú-favorito en estos momentos. Pero de este último tú no voy a saber nada mañana, no te veré mañana. Mañana apareceré con mis pantalones rosados y mis pantys de zebra-print recién compradas el miércoles. Mis botas compradas en Providencia, mi chalequito noventero del Mercadito de Nicolás y el aro recién regalado que sacó mi tía de una cajita de zapatos Calpany verde, de cuando los zapatos venían en cajita de lata. De ahí sacó el súper-dúper aro que me regaló. Estoy nerviosa, nerviosísima. Me duele la guata de nervios y de hambre. No he parado deactividear todo el día sólo por no pensar en mañana, o sea hoy, y resulta poco y nada. Estoy hecha un manojo de mil cosas inexplicables dentro de unos shorts rozados hermosísimos. Pero yo también estoy hermosa y no quiero destruir Evangeliones por el mundo. No me interesa ser una Danielita como la de la película, sino que quiero ser la dani, la dani-de-colores, la nadsat-daniela, hasta la silvi puede que sea, pero no quiero inventar más papeles.
Quiero conocerte a ti aunque me muera de miedo. Quiero tantearte a ti aunque no resulte nada bueno. Quiero destrozarme contigo y llorar en el intento.
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