Y me imagino un día estando allá. Al principio será difícil. No podré usar toda mi ropa favorita. El barro, la tierra y el clima me lo impedirán. Pero también me servirá para probar a otra daniela. La daniela-de-vacaciones. Respirar aire del norte. Hacer camas quizá; barrer hojas tal vez. Limpiar baños podrá ser. Cocinar, lavar los platos y secar las ollas. Lavar una cuanta ropa sin desteñirla. Pero también será ir a dar vueltas a pie; andar en bicicleta por la tierra roja. Tener una camita toda mía que no esté a ras del piso como ahora. Llevar un cuaderno colón azul grueso y chico, ojalá de 100 hojas (cómo el de bonsai) y ponerme a escribir con el pilot de siempre todo lo que no he escrito en estos días, en estos tiempos. Y escuchar música y descubrir personas. Y desconectarme de santiago, y no pensar en estar en internet y que las fotos signifiquen más que etiquetas. Y disfrutar la soledad con gente, con nueva gente. Tal vez haya gente de santiago pero todo sería distinto. Recordar santiago vía llamadas telefónicas intermitentes. Recordar amores mediante mensajes de texto intercalados en los días. Y viajar, viajar harto y pensar, pensar mucho. Escapar para trabajar, trabajar y descansar. Vivir otro tiempo, otro espacio, otras personas. Vivir en otro contexto. Eso es lo que deseo para estos días venideros.
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